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martes, 29 de diciembre de 2009

Rehenes del Sistema: La deuda


Las agencias de crédito en Estados Unidos cierran el año persiguiendo a los consumidores más vulnerables

Por Luis Martin-Cabrera (Para Rebelion.org)


Cuando llegué a los Estados Unidos, hace ahora más de un decenio, en España apenas existía cultura del crédito, las cosas se compraban ahorrando o a plazos. Apenas recién llegado al país alguien me dijo que debía pedir una tarjeta de crédito para ir construyendo mi “credit record”. Sin este historial crediticio las compañías y los bancos simplemente no sabrían qué tipo de consumidor soy, si soy fiable a no, y por lo tanto no me prestarían dinero en caso de que lo necesitara. En fin, que sin tarjetas de crédito y sin historial crediticio, uno no es una persona, es sólo un interrogante del que los dueños del dinero no saben qué esperar.

Y así fue como adquirí mi primera tarjeta de crédito para que los bancos supieran quién era yo. En unos cuantos meses mi deuda ascendió a 500 dólares, pero con los intereses, variables y escritos en letra pequeña, muy pronto casi se dobló y dejé de hacer los correspondientes pagos. Curiosamente, Providian, la compañía propietaria de mi tarjeta de crédito, fue condenada en 1999, a pagar 100 millones de dólares, la multa más grande que haya recibido una compañía de tarjetas de crédito en Estados Unidos. En uno de los memos internos, que se hicieron públicos durante el juicio, Andrew Kahr, Presidente de Providian, afirmaba que “hacer pagar a la gente por tener acceso al crédito es un negocio lucrativo allí donde se practique” y añadía “¿Es un trozo de comida demasiado pequeño para agarrarlo cuando te estas muriendo de hambre y no hay nada más a la vista? El truco es cobrar exponencialmente y en repetidas ocasiones un montón por pequeñas dosis de crédito”. [1]

A pesar de estas prácticas ilegales e injustas, cuando una persona deja de hacer sus pagos mensuales automáticamente da comienzo un suplicio no sólo económico, sino también psicológico. Las compañías de tarjetas de crédito cuentan con todo un aparato legal a su favor. En primer lugar, reportan la deuda a tres entidades nacionales –Experian , Equifax y Transunion- que se encargan de inscribir todos los detalles en el historial crediticio del acreedor asignarle un número de fiabilidad a la persona en cuestión (“credit score”). Esta información puede obtenerla cualquier persona o entidad que pague por ella. De este modo el historial crediticio de una persona puede aparecer cuando alquilas una casa, cuado abres una cuenta en el banco, cuando contratas una línea de teléfono, cuando te presentas a un trabajo etc. Al cabo de tres meses, las compañías de tarjetas de crédito venden la deuda a otras compañías (“debt collectors”) en paquetes basura para que éstas se encarguen de cobrarla (nótese la cantidad de intermediarios que se benefician en el proceso) .

De este modo, a los tres meses de no haber pagado la tarjeta empecé a recibir llamadas, muchas de ellas a horas intempestivas del día y de la noche. El tono de la persona que llamaba podía ser condescendiente, comprensivo, moralista, agresivo, amenazante etc. Evidentemente, el propósito era hacerme la vida imposible para cobrar los pagos de alguna manera. Al final, con mucho sacrificio, logré poco a poco pagar la deuda, pero para que sacaran la mancha del historial crediticio tuve que hacer “un cursillo de reeducación” por Internet. El curso consistía en una serie de preguntas múltiples, todas ellas destinadas a disciplinarme para transformarme en un buen consumidor y en un mejor deudor.

Por eso, en octubre del 2008 cuando el gobierno de los Estados Unidos empezó a utilizar el dinero de todos los contribuyentes para subsidiar a bancos y otras instituciones financiaras que no podían hacerse cargo de su deuda, lo primero que se me ocurrió es que deberían darnos a todos el teléfono de la casa de los directivos de Goldman Sachs o Bank of America para que podamos llamarlos a casa y preguntarles “si tienen un plan para pagar la deuda”, multiplicarles los intereses y amenazarles con hacerles la vida imposible. Podríamos también administrarles el mismo examen de reeducación y humillarles un rato como hacen ellos con sus clientes más vulnerables. Lo increíbles que pueden resultar estás ideas habla por sí solas de la brutal asimetría de poder entre ellos y nosotros. No obstante, uno esperaría que tras haberlos rescatado con dinero público por lo menos les daría un poco más de pudor insistir en sus chantajes psicológicos y en sus prácticas de usura. Lejos de tales intenciones y favorecidos por la administración Obama que no se ha atrevido ni siquiera a implementar una tímida reforma en el mercado crediticio, las compañías de tarjetas de crédito han decidido atacar, con renovada agresividad, a los clientes de mayor edad y con menos recursos.

De acuerdo con el East Bay Express , Willie M., que prefiere no dar su nombre por vergüenza, es una celadora afroamericana jubilada de 83 años. En total, Willie M. que vive en Oakland (California) cobra 1.100 dólares, 800 de la seguridad social y 300 de su pensión. En el año 2000 Willie adquirió su primera tarjeta de crédito tras recibir una llamada de promoción. Uno de los argumentos que la compañía esgrimió para convencerla es que podría contar con un poquito más de dinero para llegar a fin de mes y no tener que utilizar los comedores de la beneficencia. Muy pronto Willie adquirió una segunda tarjeta y, más pronto todavía, los intereses –en uno de los casos del 30%- se fueron acumulando y Willie dejó de poder pagar. [2]

El pasado mes de julio Willie, que entonces tenía 81 años, recibió una llamada de uno de los abogados de la compañía de acreedores, amenazándola con llevarla a juicio si no pagaba su deuda que, con los intereses, ascendía a 6.136 dólares. En el juicio Willie se representó a sí misma porque no tenía dinero para un abogado y la compañía acabó ganando el juicio. De acuerdo con la sentencia Willie debía pagar unos 70 dólares al mes y no quedaría libre de deuda hasta cumplir 119 años. Al no tener experiencia jurídica de ningún tipo, Willie olvidó mencionar en el juicio que una parte de su salario viene de la seguridad social y la otra de una pensión, estos datos la hubieran exonerado de toda culpa, puesto que es ilegal para cualquier compañía de crédito apropiarse de los fondos de pensiones o del dinero de la seguridad social.

Según el East Bay Community Law Center , el caso de Willie, lamentablemente, no es una excepción, sino que forma parte de una nueva estrategia nacional de las compañías de tarjetas de crédito. Esta estrategia implica tácticas más agresivas que las descritas anteriormente -por ejemplo acusar a clientes creyentes de ser “malos cristianos” por no pagar sus deudas- y, sobre todo, está enfocada a perseguir a los ancianos, los más pobres y los discapacitados. Es difícil imaginar lo que implica para personas como Willie no sólo en términos materiales, sino también psicológicos, ser víctima de una estructura legal y económica dispuesta a arrasar con todo para salir de la crisis. En su testimonio para el East Bay Expres, Wilie insiste en que el dinero no era para comprar cosas extravagantes, sino para comida, para invitar a dos amigas en dos ocasiones a cenar en Dennys (un restaurante de comida barata) y concluye: “Tienen que explicarle a la gente en cuantos líos se pueden meter con una tarjeta de crédito. Esto podría reducir un montón el estrés de la gente mayor. Esta experiencia me ha hecho sentirme fatal, estoy siempre preocupada”.

Leyendo el testimonio de Willie se le rompe a uno el corazón y le vienen a la mente las últimas imágenes de una película nada memorable, The fight club. Al final de The fight club, por lo demás una película hiper-misógina y para-fascista, el protagonista hace saltar por los aires varios rascacielos en los que están acumulados los datos de todas las compañías de tarjetas de crédito. La imagen sería hoy, después del 11 de septiembre, impensable, y entonces fue sólo posible, porque el protagonista era un psicótico. Marx ya advirtió en su momento a los anarquistas que abolir el dinero no sería la solución, puesto que el dinero y el capital no son la misma cosa. Sin embargo, la imagen de los rascacielos colapsando con toda esa información contiene una verdad para la lucha: que no tiene sentido seguir hablando de liberad mientras sigamos dominados por todos esos números imaginarios.

[1] Sam Zuckerman “How Providian Misled Carldholders”. San Francisco Chronicle, Domingo 5-5-2002

[2] Bernice Yeung. “ Credit Card Issuers Say I’ll See you in Court” East Bay Express, 16-22 de Diciembre, 2009

Capitalismo: Una Historia de Amor (Michael Moore)

"Capitalismo: Una Historia de Amor" es el nuevo controversial documental de Michael Moore, en esta ocasión tendremos una mirada diferente acerca de la Crisis Financiera de USA y el Mundo, y la economía de USA durante la transición de poderes de Bush a Obama, criticando a los paquetes de estímulos. El documental se centrará en todos los cambios económicos del 2007 al 2009.

Se nota claramente que una vez más Michael Moore esta jugando al máximo sus cartas. Busca a los gerentes de las grandes empresas, Bancos y hasta llega a decir que su camarógrafo no habla inglés, sólo para que siga filmando dentro del edificio...

La Crisis Financiera, el colapso de Wall Street, bancarrotas, hipotecas, y el gobierno de USA pagando millones de dólares para comprar a congresistas y pagando billones a los de Wall Street...

Michael Moore, posiblemente el documentalista más famoso del mundo, regresa a la carga. Con una cinta que ofrece su punto de vista acerca de la crisis económica, 'Capitalismo: Una historia de amor', nos relata las devastadoras consecuencias de la crisis económica mundial y su especial repercusión en los Estados Unidos. Moore achaca dicho empeoramiento de la economía americana a la mala gestión del anterior gobierno republicano, capitaneado por George W. Bush (como no podía ser de otra manera).

Michael Moore fue acusado de excesivamente tendencioso en sus documentales. De tergiversar los datos para mostrar "su realidad" o de ofrecer versiones sesgadas de los asuntos que trata. En definitiva, una riada de críticas que el propio cineasta se encarga de usar en autopromoción.

Sea como fuere, su último trabajo estrenado, 'Sicko', nos mostraba las carencias de la sanidad pública en los Estados Unidos. O mejor dicho, la práctica inexistencia de un servicio de sanidad pública en el país del Tío Sam. Otra vez todo es opinable acerca de la objetividad (o la falta de la misma) por parte de Michael Moore.

La descripción que Michael Moore hace de 'Capitalismo: Una historia de amor' es la de un documental que muestra "la pasión, el romance y los 14 mil puestos de trabajo que son eliminados todos los días, el amor perdido, en definitiva: el capitalismo"




domingo, 27 de diciembre de 2009

Del capitalismo como "Sistema Parásito"


"Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad impulsada a crédito y consumo", afirma el sociólogo polaco. Para el autor deModernidad líquida gobiernos e instituciones han aprendido muy poco de la crisis económica reciente: la respuesta a la quiebra fue endeudarse aun más.









Por: Zygmunt Bauman



Tal como el reciente "tsunami financiero" demostró a millones de personas que creían en los mercados capitalistas y en la banca capitalista como métodos evidentes para la resolución exitosa de problemas, el capitalismo se especializa en la creación de problemas, no en su resolución.

Al igual que los sistemas de los números naturales del famoso teorema de Kurt Gödel, el capitalismo no puede ser al mismo tiempo coherente y completo. Si es coherente con sus propios principios, surgen problemas que no puede abordar; y si trata de resolverlos, no puede hacerlo sin caer en la falta de coherencia con sus propias premisas. Mucho antes de que Gödel escribiera su teorema, Rosa Luxemburgo publicó su estudio sobre la "acumulación capitalista" en el que sugería que el capitalismo no puede sobrevivir sin economías "no capitalistas"; puede proceder según sus principios siempre cuando haya "territorios vírgenes" abiertos a la expansión y la explotación, si bien cuando los conquista con fines de explotación, el capitalismo los priva de su virginidad precapitalista y de esa forma agota las reservas que lo nutren. En buena medida es como una serpiente que se devora la cola: en un primer momento la comida abunda, pero pronto se hace cada vez más difícil de tragar, y poco después no queda nada que comer ni tampoco quien lo coma...

El capitalismo es en esencia un sistema parásito. Como todos los parásitos, puede prosperar un tiempo una vez que encuentra el organismo aún no explotado del que pueda alimentarse, pero no puede hacerlo sin dañar al anfitrión ni sin destruir tarde o temprano las condiciones de su prosperidad o hasta de su propia supervivencia.

Rosa Luxemburgo, que escribió en una era de imperialismo rampante y conquista territorial, no pudo prever que las tierras premodernas de continentes exóticos no eran los únicos posibles "anfitriones" de los que el capitalismo podía alimentarse para prolongar su vida e iniciar sucesivos ciclos de prosperidad. El capitalismo reveló desde entonces su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que la especie explotada con anterioridad se debilitaba. Una vez que anexó todas las tierras vírgenes "precapitalistas", el capitalismo inventó la "virginidad secundaria". Millones de hombres y mujeres que se dedicaban a ahorrar en lugar de a vivir del crédito fueron transformados con astucia en uno de esos territorios vírgenes aún no explotados.

La introducción de las tarjetas de crédito fue el indicio de lo que se avecinaba. Las tarjetas de crédito habían hecho irrupción en el mercado con una consigna elocuente y seductora: "elimine la espera para concretar el deseo". ¿Se desea algo pero no se ahorró lo suficiente para pagarlo? Bueno, en los viejos tiempos, que por fortuna ya quedaron atrás, había que postergar las satisfacciones (esa postergación, según Max Weber, uno de los padres de la sociología moderna, era el principio que hizo posible el advenimiento del capitalismo moderno): ajustarse el cinturón, negarse otros placeres, gastar de manera prudente y frugal y ahorrar el dinero que se podía apartar con la esperanza de que con el debido cuidado y paciencia se reuniría lo suficiente para concretar los sueños.

Gracias a Dios y a la benevolencia de los bancos, ya no es así. Con una tarjeta de crédito, ese orden se puede invertir: ¡disfrute ahora, pague después! La tarjeta de crédito nos da la libertad de manejar las propias satisfacciones, de obtener las cosas cuando las queremos, no cuando las ganamos y podemos pagarlas.

A los efectos de evitar reducir el efecto de las tarjetas de crédito y del crédito fácil a sólo una ganancia extraordinaria para quienes prestan, la deuda tenía que (¡y lo hizo con gran rapidez!) transformarse en un activo permanente de generación de ganancia. ¿No puede pagar su deuda? No se preocupe: a diferencia de los viejos prestamistas siniestros, ansiosos de recuperar lo que habían prestado en el plazo fijado de antemano, nosotros, los modernos prestamistas amistosos, no pedimos el reembolso de nuestro dinero sino que le ofrecemos darle aun más crédito para devolver la deuda anterior y quedarse con algún dinero adicional (vale decir, deuda) para pagar nuevos placeres. Somos los bancos a los que les gusta decir "sí". Los bancos amistosos. Los bancos sonrientes, como afirmaba uno de los comerciales más ingeniosos.

La trampa del crédito

Lo que ninguno de los comerciales declaraba abiertamente era que en realidad los bancos no querían que sus deudores reembolsaran los préstamos. Si los deudores devolvieran con puntualidad lo prestado, ya no estarían endeudados. Es su deuda (el interés mensual que se paga sobre la misma) lo que los prestamistas modernos amistosos (y de una notable sagacidad) decidieron y lograron reformular como la fuente principal de su ganancia ininterrumpida. Los clientes que devuelven con rapidez el dinero que pidieron son la pesadilla de los prestamistas. La gente que se niega a gastar dinero que no ganó y se abstiene de pedirlo prestado no resulta útil a los prestamistas, así como tampoco las personas que (motivadas por la prudencia o por un sentido anticuado del honor) se apresuran a pagar sus deudas a tiempo. Para beneficio suyo y de sus accionistas, los bancos y proveedores de tarjetas de crédito dependen ahora de un "servicio" ininterrumpido de deudas y no del rápido reembolso de las mismas. Por lo que a ellos concierne, un "deudor ideal" es el que nunca reembolsa el crédito por completo. Se pagan multas si se quiere reembolsar la totalidad de un crédito hipotecario antes del plazo acordado... Hasta la reciente "crisis del crédito", los bancos y emisores de tarjetas de crédito se mostraban más que dispuestos a ofrecer nuevos préstamos a deudores insolventes para cubrir los intereses impagos de créditos anteriores. Una de las principales compañías de tarjetas de crédito de Gran Bretaña se negó hace poco a renovar las tarjetas de los clientes que pagaban la totalidad de su deuda cada mes y, por lo tanto, no incurrían en interés punitorio alguno.

Para resumir, la "crisis del crédito" no fue resultado del fracaso de los bancos. Al contrario, fue un resultado por completo esperable, si bien inesperado, el fruto de su notable éxito: éxito en lo relativo a transformar a la enorme mayoría de los hombres y mujeres, viejos y jóvenes, en un ejército de deudores. Obtuvieron lo que querían conseguir: un ejército de deudores eternos, la autoperpetuación de la situación de "endeudamiento", mientras que se buscan más deudas como la única instancia realista de ahorro a partir de las deudas en que ya se incurrió.

Ingresar a esa situación se hizo más fácil que nunca en la historia de la humanidad, mientras que salir de la misma nunca fue tan difícil. Ya se tentó, sedujo y endeudó a todos aquellos a los que podía convertirse en deudores, así como a millones de otros a los que no se podía ni debía incitar a pedir prestado.

Como en todas las mutaciones anteriores del capitalismo, también esta vez el Estado asistió al establecimiento de nuevos terrenos fértiles para la explotación capitalista: fue a iniciativa del presidente Clinton que se introdujeron en los Estados Unidos las hipotecas subprime auspiciadas por el gobierno para ofrecer crédito para la compra de casas a personas que no tenían medios para reembolsar esos préstamos, y para transformar así en deudores a sectores de la población que hasta el momento habían sido inaccesibles a la explotación mediante el crédito...

Sin embargo, así como la desaparición de la gente descalza significa problemas para la industria del calzado, la desaparición de la gente no endeudada anuncia un desastre para el sector del crédito. La famosa predicción de Rosa Luxemburgo se cumplió una vez más: otra vez el capitalismo estuvo peligrosamente cerca del suicido al conseguir agotar la reserva de nuevos territorios vírgenes para la explotación...

Hasta ahora, la reacción a la "crisis del crédito", por más impresionante y hasta revolucionaria que pueda parecer una vez procesada en los titulares de los medios y las declaraciones de los políticos, fue "más de lo mismo", con la vana esperanza de que las posibilidades vigorizadoras de ganancia y consumo de esa etapa aún no se hayan agotado por completo: un intento de recapitalizar a los prestadores de dinero y de hacer que sus deudores vuelvan a ser dignos de crédito, de modo tal que el negocio de prestar y tomar prestado, de endeudarse y permanecer así, pueda retornar a lo "habitual".

El Estado benefactor para los ricos (que, a diferencia de su homónimo para los pobres, nunca vio cuestionada su racionalidad, y mucho menos interrumpidas sus operaciones) volvió a los salones de exposición tras abandonar las dependencias de servicio a las que se había relegado sus oficinas de forma temporaria para evitar comparaciones envidiosas.

Lo que los bancos no podían obtener –por medio de sus habituales tácticas de tentación y seducción–, lo hizo el Estado mediante la aplicación de su capacidad coercitiva, al obligar a la población a incurrir de forma colectiva en deudas de proporciones que no tenían precedentes: gravando/hipotecando el nivel de vida de generaciones que aún no habían nacido...

Los músculos del Estado, que hacía mucho tiempo que no se usaban con esos fines, volvieron a flexionarse en público, esta vez en aras de la continuación del juego cuyos participantes hacen que esa flexión se considere indignante, pero inevitable; un juego que, curiosamente, no puede soportar que el Estado ejercite sus músculos pero no puede sobrevivir sin ello.

Ahora, centenares de años después de que Rosa Luxemburgo diera a conocer su pensamiento, sabemos que la fuerza del capitalismo reside en su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que la especie que se explotó antes se debilita demasiado o muere, así como en la expedición y la velocidad virulentas con que se adapta a las idiosincrasias de sus nuevas pasturas. En el número de noviembre de 2008 de The New York Review of Books (en el artículo "La crisis y qué hacer al respecto"), el inteligente analista y maestro del arte del marketing George Soros presentó el itinerario de las empresas capitalistas como una sucesión de "burbujas" de dimensiones que excedían en mucho su capacidad y explotaban con rapidez una vez que se alcanzaba el límite de su resistencia.

La "crisis del crédito" no marca el fin del capitalismo; sólo el agotamiento de una de sus sucesivas pasturas... La búsqueda de un nuevo prado comenzará pronto, tal como en el pasado, alentada por el Estado capitalista mediante la movilización compulsiva de recursos públicos (por medio de impuestos en lugar de a través de una seducción de mercado que se encuentra temporariamente fuera de operaciones). Se buscarán nuevas "tierras vírgenes" y se intentará por derecha o por izquierda abrirlas a la explotación hasta que sus posibilidades de aumentar las ganancias de accionistas y las bonificaciones de los directores quede a su vez agotada.

Como siempre (como también aprendimos en el siglo XX a partir de una larga serie de descubrimientos matemáticos desde Henri Poincaré hasta Edward Lorenz) un mínimo paso al costado puede llevar a un precipicio y terminar en una catástrofe. Hasta los más pequeños avances pueden desencadenar inundaciones y terminar en diluvio...

Los anuncios de otro "descubrimiento" de una isla desconocida atraen multitudes de aventureros que exceden en mucho las dimensiones del territorio virgen, multitudes que en un abrir y cerrar de ojos tendrían que volver corriendo a sus embarcaciones para huir del inminente desastre, esperando contra toda esperanza que las embarcaciones sigan ahí, intactas, protegidas...

La gran pregunta es en qué momento la lista de tierras disponibles para una "virginización secundaria" se agotará, y las exploraciones, por más frenéticas e ingeniosas que sean, dejarán de generar respiros temporarios. Los mercados, que están dominados por la "mentalidad cazadora" líquida moderna que reemplazó a la actitud de guardabosques premoderna y a la clásica postura moderna de jardinero, seguramente no se van a molestar en plantear esa pregunta, dado que viven de una alegre escapada de caza a otra como otra oportunidad de posponer, no importa qué tan brevemente ni a qué precio, el momento en que se detecte la verdad.

Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad impulsada a crédito y consumo. "El regreso a la normalidad" pronostica un regreso a vías malas y siempre peligrosas. La intención de hacerlo es alarmante: indica que ni la gente que dirige las instituciones financieras, ni nuestros gobiernos, llegaron al fondo del problema con sus diagnósticos, y mucho menos con sus actos.

Parafraseando a Héctor Sants, el director de la Autoridad de Servicios Financieros, que hace poco confesó la existencia de "modelos empresarios mal equipados para sobrevivir al estrés (...), algo que lamentamos", Simon Jenkins, un analista de The Guardian de extraordinaria agudeza, observó que "fue como si un piloto protestara porque su avión vuela bien a excepción de los motores".

© Zygmunt Bauman y Clarín, 2009. Traducción de Joaquín Ibarburu.




lunes, 14 de diciembre de 2009

Obama: cómo derrochar capital político


Recorriendo algunos sitios interesantes de la red, tuve la suerte de encontrar el siguiente artíiculo escrito por el epistemólogo argentino Mario Bunge. Sencíllamente, me impactó y me pareció buena idea el compartirlo con los visitantes de este humilde espacio. Creo que Bunge manifiesta en pocas palabras lo que muchos pensamos íntimamente acerca del tema. Léanlo, es un estupendo trabajo:

"El capital político de un individuo o grupo es el conjunto de sus conciudadanos que están dispuestos a ayudarlo con su voz, voto, tiempo o dinero. Quien posea algún capital político querrá acrecentarlo o al menos conservarlo. Pero es claro que el destino de semejante caudal depende tanto de la conducta de su propietario como de las circunstancias. El Sr. Barack Obama podría escribir el manual definitivo sobre cómo ganar y cómo despilfarrar el mayor capital político acumulado en su país en el curso de un mero par de años. Le regalo un título vendedor: From political riches to rags, o Del manto purpúreo al andrajo.

¿Cómo ganó Obama el capital político fabuloso de que disponía hace un año? Lo ganó prometiendo efectuar los grandes cambios que deseaban decenas de millones de gringos de todos los colores y muchas creencias, y encendidendo el entusiasmo de centenares de miles de voluntarios. Contrariamente al entusiasmo que despertaron en su tiempo Franklin Roosevelt, Jack Kennedy, Lyndon Johnson y Jimmy Carter, el que provocó Obama fue organizado por esos voluntarios, casi todos sin filiación partidaria, cuyo trabajo fue costeado por millones de donaciones de unos pocos dólares cada una. El intendente de New York acaba de ser reelecto al costo de 100 millones de dólares, o sea, a razón de 180 dólares por voto. Los obamistas gastaron diez veces más, pero para una población 30 veces mayor y usando más la Internet que las cadenas de TV.

El señor Obama creyó ser electo presidente de una gran democracia, pero de hecho fue coronado emperador, aunque cubierto con un manto que inmoviliza nada menos que al apóstol del cambio. Y creyó poder hacer cuenta nueva después del gran borrón que había perpetrado su antecesor. Pero heredó un partido y un aparato estatal hostiles a todo cambio radical, ya que habían sido deformados por las dos presidencias de Reagan, y otras tantas de Clinton, las cuatro “liberales”, o sea, conservadoras.

El Presidente Carter había sido demasiado moderado, blando y derecho para hacer frente a tanta corrupción. Su mayor reforma en la Casa Blanca fue hacer instalar paneles solares en la azotea. Reagan mandó desmantelarlos en cuanto ocupó la mansión, ya que constituían un mudo pero elocuente desafío al monopolio energético que detentan las grandes empresas petroleras.

El Presidente Obama empezó muy bien. Hizo gestos de buena voluntad a la comunidad internacional, la que había sido manoseada e intimidada por el Presidente Bush. En particular, declaró terminada la “guerra del terror” y dijo palabras conciliatorias al mundo islámico. El nuevo gobierno también inyectó una enorme suma de dinero en la comunidad científica, la que había sido hambreada por el “gobierno basado en la fe” de su predecesor.

Pero Obama fracasó en todo lo demás. En particular, usó plata del contribuyente para salvar a los grandes banqueros en lugar de invertirla en obras públicas, salud y educación, como lo había prometido. Y declaró que la guerra de Afganistán es una guerra buena, aunque después de ocho años sólo ha afectado a la población civil y la ha exportado a Pakistán. (Además, las agresiones militares son inmorales y son buenas solamente para los mercaderes de guerra.)

No culpemos exclusivamente a la persona, porque su alto cargo viene junto con el Estado que encabeza. El Estado que heredó Obama incluye no sólo una burocracia enorme, sino también tres aparatos inamovibles: la CIA, la red de unas 1.000 bases militares ubicadas en el exterior, y unas fuerzas armadas íntimamente entrelazadas con ejércitos privados cuyos mercenarios no están sujetos a tribunal militar alguno. ¿Qué ha hecho el Comandante en Jefe de los EE.UU. para controlar tanta fuerza? Nada, sino reforzarla aun más. En efecto, ha declarado que la guerra en Afganistán es “una guerra buena”, y el nuevo jefe de la CIA ha prohibido que sean enjuiciados los torturadores. Y, debido a la oposición del Congreso, el Presidente no ha logrado desmantelar ni siquiera la más siniestra de las bases militares en el exterior, la de Guantánamo. Se lo han impedido los legisladores de su propio partido, aliados con sus adversarios.

El Presidente Obama también heredó un sistema financiero desquiciado por banqueros codiciosos y deshonestos, amparados por el Fed, o Banco Central. Este fue presidido durante demasiados años por Alan Greenspan, el discípulo dilecto de Ayn Rand. Esta lumpenfilósofa se había constituído en la profetisa del “egoísmo racional”. Esta es una generalización de la llamada racionalidad económica, la que manda maximizar las utilidades esperadas, sin escrúpulos por lo que pueda pasarles al prójimo o al descendiente.

La crisis desatada en octubre del 2008, y de la que aun no hemos salido, tomó a Geenspan de sorpresa, como lo confesó en su momento. También dijo que, confiado en la doctrina del egoismo racional, había esperado que los banqueros no fueran tan estúpidos como probaron serlo. El zar de las finanzas había ignorado el apotegma de David Hume: “la razón es esclava de las pasiones.” Este principio no vale en las ciencias ni en las técnicas, pero vale en el mundo de las finanzas, a juzgar por las “burbujas” especulativas que se vienen formando desde la Burbuja de los Tulipanes, ocurrida en Ámsterdam en el siglo XVII.

Además de heredar un Estado enormemente inflado y endeudado por su predecesor, el Presidente Obama heredó un Partido Demócrata desvirtuado desde los tiempos de Reagan: un partido tan conservador, y tan comprometido con las grandes corporaciones, que no sería reconocido por ninguno de los dos presidentes Roosevelt. ¿Cómo podría semejante dinosaurio hacer suya la consigna “¡Cambiemos!” que le ganó a Obama el extraordinario capital político que ganó durante su campaña electoral?

A juzgar por la magnitud de sus promesas pre-electorales, el Sr. Obama pensó que presidir su enorme país consistiría en compartir sus lindos planes con su partido y con la burocracia estatal. Supongo que nunca imaginó que sería como sacar a pasear a la vez a un dinosaurio y un paquidermo.

En resumen, el manual sobre capital político que podrá escribir el Presidente Obama cuando se jubile necesitará tener solamente dos capítulos: 1.- Cómo ganar capital político, o lo que hay que aprender y prometer para triunfar. 2.- Cómo derrochar capital político, o lo que hay que olvidar y traicionar para fracasar."

Artículo escrito para el diario "La Nación" (Argentina)

Mario Bunge es el más importante e internacionalmente reconocido filósofo hispanoamericano del siglo XX. Físico y filósofo de saberes enciclopédicos y permanentemente comprometido con los valores del laicismo republicano, el socialismo democrático y los derechos humanos, son memorables sus devastadoras críticas de las pretensiones pseudocientíficas de la teoría económica neoclásica ortodoxa y del psicoanálisis “charlatanista”.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Celulas Madre: Territorio Desconocido

Este excepcional documental nos cuenta la historia de Jack Kessler, biólogo especialista en Células Madre de la North Western Unervisity, quien, a raíz de la lesión medular de su hija adolescente, Allison; decidió consagrar su trabajo a la investigación de la regeneración medular a través de células Madre embrionarias. Este documental es, a la vez, un retrato emocional del doctor Kessler y su círculo familiar; un acercamiento riguroso y exahustivo a su trabajo en equipo; que tiene como objetivo conseguir la regeneración medular mediante Geles que asienten el crecimiento de los Axones; y un ejercicio desmitificador de los dogmas y mitos del ultracatolicismo en cuanto al uso de Células Madre embrionarias en el campo de la ingeníeria genética. Este trabajo desmiente, categóricamente, entre otras cosas, que un embrión sea equiparable a un ser humano y desmonta el mito de la clonación humana: “No conozco a ningún Bíologo especializado en Células madre al que le interese clonar seres humanos”. Afirma el doctor Kessler en este trabajo.



Solucion AL PROBLEMA DE MEGAVIDEO II (Importante...!!!!)

Dias pasados publiqué una serie de recomendaciones tendientes a solucionar la limitación horaria que establece MEGAVIDEO a los usuarios "No Premium" (El video se interrumpe a los 72 minutos y se exige esperar cierto tiempo para reanudar la reproducción).

Consciente de que ello significa un serio inconveniente en sí mismo, continuo en la búsqueda de una solución alternativa que nos permita realizar una pequeña "trampita" para poder visualizar íntegramente el material publicado en el blog.

En tal sentido, tuve la agradable sorpresa de encontrarme con la siguiente página que nos va a posibilitar sortear el inconveniente de una manera bastante satisfactoria.

Solo hay que entrar al sitio y copiar el link del video en cuestión (que se obtiene directamente de la barra de controles del interior de los videos) y de esa manera se abrirá la pantalla de reproducción y podremos disfrutar del video integramente.

El Sitio al que hago referencia se encuentra en el siguiente link:



Espero que les funcione tan bien como a mi...

domingo, 6 de diciembre de 2009

Firewall

Interesante documental donde se analizan las causas de la crisis economica americana y se ensayan posibles soluciones a dicho flagelo que perjudica a todo el planeta.


viernes, 4 de diciembre de 2009

I.O.U.S.A. 2008

Documental que analiza las causas, los efectos y las previsibles consecuencias generadas por la formidable deuda y el deficit de los Estados Unidos, a la vez que propone soluciones para superarla.